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Corría el año 1635 cuando dos barcos cargados de esclavos provenientes del golfo de Guinea  naufragaron muy cerca de San Vicente. Por aquel entonces, esta isla caribeña estaba poblada por la sociedad de los Calíponas, resultado de la mezcla entre la tribu de aborígenes conquistadores Callinagu y la Arahuaca, oriunda de San Vicente. Dispuestos a adoptar sin reparos las nuevas costumbres, los recién llegados se unieron en matrimonio con las nativas, dando origen a la raza Garífuna, caribes negros cuyo nombre significa “gente que come yuca”.

 Años más tarde, cuando los ingleses colonizaron San Vicente después de sangrientas batallas contra los caribes negros, los primeros se encontraron con un problema inesperado. Resultaba problemática la convivencia entre sus propios esclavos y los garífunas, pues aunque ambos eran de piel negra, los caribes negros mantenían su condición de libertad. La solución más práctica que encontraron los colonizadores fue cazar y asesinar a cuantos garífunas encontraran en el camino. De los cuatro mil trescientos sobrevivientes que fueron enviados a Balliceaux, la mitad murió de fiebre amarilla, mientras que el resto fue embarcado, en 1797,  a la Isla de Roatan, frente a la costa hondureña. De hecho, suele celebrarse el 12 de abril de este año como la fecha de arribo de los Garífunas a Honduras.

 La cultura garífuna hondureña se ha conformado incorporando múltiples influencias, entre las que destacan la africana, la arahuaca y la europea. De la herencia africana pueden apreciarse las danzas de punta, sus fábulas, sus cultos a los antepasados, y sus tambores.  Es destacable que el orgullo por la ascendencia africana se muestra en la preferencia de muchos garífunas a ser llamados “garinagu”, es decir,  la versión africana del nombre de su pueblo, y que su representativa bandera tricolor tiene al negro como un símbolo de lo africano. De la parte amerindia conservan muy vivas tradiciones como la preparación del casabe, la cultura del mar y de la pesca, la fe en los curanderos, los velorios, el empleo de maracas en las danzas festivas y, sobre todo, la propia lengua garífuna, descendiente de la familia arahuaca, aunque con elementos del bantú africano occidental, del español, del miskito, del inglés, y del francés.

 En la comunidad garífuna, la religión es una especie de mezcla sincrética del catolicismo y otros sistemas de creencias amerindios y africanos. En los ríos, lagunas y estuarios los varones realizan ritos y ceremonias para evitar que los espíritus se lleven el pescado. Duendes garífunas, espíritus de difuntos llamados mafias, espíritus malignos y el Hombre del Mar forman parte del imaginario religioso de esta comunidad.

 Como parte de una ceremonia conocida como dügu, que permite expiar la mala conducta y apaciguar los espíritus molestos, los varones cantan durante tres días de pesca; luego recolectan productos de las áreas forestales y regresan a la comunidad, donde son recibidos con tambores, velas y canciones de playa. Cuando finaliza la ceremonia, se envía alimento a los antepasados del otro lado del mar sea enterrando la comida en la playa, sea echándola al mar. (1)

AL-GOLPE-DEL-TAMBOR

Los tambores son parte imprescindible tanto de los ceremoniales religiosos como de la cultura garífuna en general. No sólo se le atribuyen poderes místicos, sino que influyen realmente en la subjetividad de los integrantes de esta comunidad.   Algunas leyendas cuentan que, en los períodos de guerra,  un caribe negro jamás entraba en el campo de batalla sin tamboristas confiables, y que estos podían incluso dirigir el combate con el toque del tambor. Así, por ejemplo, determinados toques alentaban al ataque mientras que otros llamaban a retirada. Se ha dicho incluso que el toque del tambor era tan poderoso que podía convertir a un gran guerrero en un cobarde. Es por ello que se entrenaban  soldados especiales sólo para proteger a los tamboristas, que a menudo eran blanco de los ataques de los adversarios. (2) En la actualidad, el  rol del tambor ha cambiado considerablemente: se emplean para convocar a la comunidad a un velorio, para establecer contacto con los antepasados o para establecer el ritmo de un buen baile de punta, considerado como uno de los mayores aportes de la cultura garífuna al mundo.

 De manera general, el baile de punta se da entre una hembra y un varón. Cada uno intenta bailar mejor que el otro, moviendo las caderas y los pies al ritmo del tambor, mientras que la banda comienza a agilizar el toque acelerando el ritmo que debe seguir la pareja o el grupo. El baile de punta se puede observar en la mayoría de los eventos festivos aunque, según la tradición, en sus inicios fue empleado también en los velorios para garantizar que el espíritu del muerto encontrara mejor vida. Este no ha sido, sin embargo,  el único cambio en la tradición de los bailes de punta garífunas.  Antes sólo los adultos podían bailarlos, y las mujeres no solían tocar los tambores. Hoy todo esto es distinto. Incluso los rústicos  tambores de madera, la concha y las maracas han sido sustituidos por instrumentos eléctricos  dando origen al género de punta rock. (3)

Notas: 

1-Cf. Griffin, Wendy: Ritos garífunas de la pesca y el mar. Disponible en:   http://www.stanford.edu/group/arts/honduras/discovery_sp/customs/ritual/fish.html

2-Cf. Los poderes místicos de los tambores garífunas. Disponible en:  http://www.stanford.edu/group/arts/honduras/discovery_sp/

3-Para una visión más amplia y personal véase  Adebisi Akinrimisi:   Perspectivas sobre la danza de punta. Disponible en:

 http://www.stanford.edu/group/arts/honduras/discovery_sp/art/dance/punta3.html